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La glucosa es la fuente principal de energía que necesita el cuerpo para asegurar el buen funcionamiento de las células del organismo.

Estas necesitan energía para mantenerse activas, para así poder mantener las funciones vitales (los movimientos digestivos, el latido cardiaco, la respiración, etc.), los movimientos musculares y la temperatura del cuerpo.

De cierto modo, la glucosa es para el cuerpo humano como la gasolina para un auto, ya que esta le aporta la energía apta para desarrollar de manera normal las actividades diarias.

Desde el punto de vista nutricional, la glucosa es un azúcar de composición simple o un monosacárido que ingresa en el organismo por medio de los alimentos.

Cuando el organismo humano se encuentra en el proceso de digestión, se pone en marcha un encadenamiento de transformaciones químicas, por todo el tubo digestivo, convirtiendo los alimentos en pequeñas sustancias, los nutrientes, y estos al mismo tiempo se descomponen en aun más pequeños elementos.

Por ejemplo, los alimentos ricos en carbohidratos pasan a ser glucosa, ya que es su componente más simple. Entonces, al llegar al intestino delgado, se transfiere a la sangre y del torrente circulatorio a las células.

Con exactitud, la sangre se hace cargo de transportar la glucosa al cerebro, al hígado y las demás células del cuerpo.

Para entrar en las células y poder ser utilizada como un combustible, se necesita la mediación de la insulina. Esta es la hormona que hace la función de la llave que una vez encajada en la cerradura, abre la puerta de dichas células.

Las células del cerebro y del sistema nervioso son las únicas de todo el organismo humano que reciben glucosa de manera directa del torrente sanguíneo, sin la mediación de la insulina.

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