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¿Cuántas veces queremos descansar y no lo conseguimos, a pesar de dormir las horas necesarias? ¿O cuántas veces nos pasamos la noche en vela, sin lograr conciliar el sueño? Dormir, es fundamental y dormir bien es indispensable para llevar un estilo de vida saludable. Uno de los factores más importantes tiene que ver con el lugar donde dormimos.

Dormir bien es salud. Por ello, en esta oportunidad hablaremos de los puntos que hay que tener en cuenta para crear el santuario ideal y perfecto para dormir y descansar bien.

Unos de los aspectos más importantes para lograr un sueño impecable, es una habitación oscura. Es decir, mientras más oscura se encuentre la habitación, mejor será para dormir. La luz artificial interfiere mucho en el sueño, haciéndolo menos profundo y más ligero. Por lo tanto, una recomendación es tratar de evitar dormir con el televisor encendido y poner cortinas opacas para eliminar la contaminación lumínica de las farolas, por ejemplo.

Otro tema recurrente es el de los dispositivos electrónicos. Pues los cables, los enchufes y los dispositivos cercanos a la cama pueden crear campos electromagnéticos que alteran el sueño. Idealmente, es preferible alejar todos estos dispositivos de la cama y desenchufarlos antes de acostarse a dormir.

Muchos estudios a lo largo de los años han demostrado un vínculo entre la exposición a la luz nocturna y las enfermedades cardiovasculares, el cáncer de mama, la depresión y el insomnio, entre tantas otras. Por ello, es fundamental crear un santuario de sueño que sea lo más oscuro posible, sin luz si es posible. Como mencionamos con anterioridad, la luz interfiere en sueño y no deja que sea profundo.

Otro factor sumamente influyente en el sueño, es el ruido. Claro, es que el exceso de ruido en la casa/departamento, o en la calle tiene consecuencias en el sueño. Además de impedir conciliar el sueño con facilidad, el ruido afecta la capacidad de alcanzar las fases del sueño más profundo. Por lo tanto, es necesario que su habitación esté en silencio para que el descanso sea el adecuado. Una buena manera es aislar el dormitorio de los ruidos externos, quizás con unas buenas ventanas que bloqueen los sonidos que intervienen.

La temperatura es también una condición que repercute directamente en el sueño de las personas. Incluso, hay estudios que han demostrado que la temperatura puede tener una mayor influencia en la calidad de nuestro sueño que la exposición a la luz y el tiempo.

La temperatura ideal de una habitación debe oscilar entre los 18° y 22° grados. Se recomienda mantener la habitación fresca, abriendo las ventanas unas horas antes de irse a dormir. Durante el sueño, nuestros cuerpos bajan su temperatura central, parte fundamental de los procesos que experimentan.

El frío o el calor extremos pueden producir ‘microdespertares’ que alteran el ritmo habitual y normal del sueño, lo que hace que por la mañana te levantes con la sensación de que te hubiese pasado un camión por encima, que casi ni hubieras descansado.

Una forma de alcanzar una temperatura más baja, es tomar una ducha caliente antes de acostarse, llevando la sangre a la superficie de la piel y permitiendo que la temperatura central se enfríe un poco a medida que se seca al aire libre, fuera de la ducha. De lo contrario, también podría tomar duchas frías por la noche para bajar aún más la temperatura central.

De cualquier manera, una anotación importante: entre tener que pasar frío o calor, tened en cuenta que el frío siempre es más saludable que el calor.

En sintonía con la temperatura, también es un factor importante considerar la humedad. La humedad es buena siempre que este en los niveles adecuados, entre un 50% y 70%. Hay que tratar de evitar los ambientes secos, puesto que resecan la boca y dificultan la respiración. Los humidificadores son excelente aliados para combatir la falta de humedad.

Parecerá obvio mencionar este ítem, pero es que vale la pena aclarar que la cama es igual de importante que todos los puntos mencionados. Una buena cama, es fundamental para lograr un santuario de sueño perfecto. La cama debe ser silenciosa y rígida, pero no dura.

Curiosamente, muchos expertos coinciden en que para que la calidad del sueño sea óptima, es bueno que la cabecera de la cama esté orientada al norte y el pie de la cama al sur. Además, el colchón debe absorber la transpiración, evitar que el calor se disperse, debe sostener le cuerpo de un modo adecuado de tal manera que se adapte a la anatomía de la columna vertebral. En otras palabras, la cama y el colchón deben ser confortables y saludables.

Y pues, por supuesto,  no olvidamos la almohada. Es también parte fundamental para mantener la cabeza en posición natural mientras dormimos, y garantizar así un mejor descanso. Si se duerme sin almohada, la nuca se inclina hacia atrás y hace que las vértebras cervicales se opriman excesivamente. Cuando la almohada es demasiado gruesa, produce lo contrario, es decir, inclina la cabeza hacia delante y obliga a las vértebras a estirarse demasiado. La almohada ideal, debe ser baja, no muy blanda y que mantenga la cabeza en línea con el cuello.

Te invito a que sigas estas recomendaciones y veas la diferencia que marca crear un santuario ideal para dormir y descansar. La comodidad y la tranquilidad son factores que no se deben negociar si realmente se quieren optimizar el descanso.

Tener un buen descanso, dormir bien, se traduce en calidad de vida, en salud, ya que favorece la buena memoria, el crecimiento y la longevidad. Además, tiene efectos positivos en el humor, la productividad y en el bienestar psicológico y emocional de cada uno de nosotros.

Crear una atmósfera de relajación, teniendo en cuenta todos los factores y elementos que favorecen el bienestar y el descanso, es fundamental para que el sueño sea el óptimo. Haz de tu habitación, un santuario ideal para dormir. Y que dormir no sea solo una necesidad, si no, ¡también un placer para tu cuerpo!

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